Domingo, 6 De Julio : Santa Hildegarda de Bingen
El hombre está en el centro de la estructura del mundo. Tiene más poder que las otras criaturas que permanecen en la misma estructura. Es pequeño por su estatura, grande por las energías de su alma. La cabeza en alto y los pies bien apoyados, es capaz de mover los elementos de lo Alto como los de aquí abajo. Las obras de sus manos abarcan todo porque tiene la posibilidad de poner ese poder en obra, con la energía del hombre interior. El cuerpo es más grande que el corazón, pero las energías del alma sobrepasan en poder a las del cuerpo. El corazón está escondido en el fondo del cuerpo, pero el cuerpo está rodeado de las energías del alma, que se extienden al mundo entero. Así, por la ciencia de Dios, la conciencia unida a Dios, el fiel existe y tiende hacia Dios en las dificultades del espíritu del siglo. En todas sus tareas, prósperas o adversas, aspira hacia Dios. En ellas no cesa de manifestar a Dios todo el respeto amoroso que lo anima. El hombre interior contempla con sus ojos de carne las criaturas que lo rodean, pero con la fe, ve a Dios. El hombre reconoce a Dios en todas las criaturas, ya que en las criaturas percibe a su Creador.
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