Jueves, 19 De Junio : San Vicente de Paúl
Si me preguntan mis queridas hermanas lo que puede mantenerlas, les diría que es la oración, maná de cada día que desciende del cielo. Vean cómo los jardineros toman su tiempo, dos veces al día para regar las plantas de su jardín. Sin su ayuda, las plantas morirían por el gran calor. Por el contrario, gracias a esa humedad pueden sacar su alimento de la tierra ya que un cierto elemento, generado por el riego, sube por la raíz, se difunde a lo largo del tallo, da vida a las ramas y hojas y otorga el sabor a los frutos. Así, mis queridas hermanas, somos como esos pobres jardines en los que la sequía hace morir todas las plantas, si el cuidado y labor de los jardineros no ayudaran. Por eso es necesaria la oración, que como un suave rocío cada mañana humecta nuestra alma con la gracia de Dios, que ella atrae hacia ustedes. Si están fatigadas por los encuentros y las penas, tienen todavía el atardecer para la oración, que como un saludable refresco, dará vigor a todas sus acciones. ¡La Hija de la Caridad portará fruto pronto, si cuida refrescarse con el rocío sagrado de la oración! Todos los días crecerá de virtud en virtud, como el jardinero que ve cada día crecer sus plantas. En poco tiempo avanzará como la bella aurora que comienza a la mañana temprano y va creciendo hacia el mediodía. Así, hijas mías, ella irá hasta llegar al sol de justicia, luz del mundo, y haber entrado en él, como la aurora se pierde en el sol.
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