Martes, 19 De Agosto : San Carlos de Foucauld
Dios mío, ¡usted es divinamente bueno! Si hubiera llamado primero a los ricos, los pobres no hubieran osado aproximarse. Se hubieran creído obligados a permanecer apartados a causa de su pobreza, lo mirarían desde lejos dejando a los ricos rodearlo. (…) ¡Qué bueno es! ¡Tomó los medios adecuados para llamar entorno suyo, juntos, a todos sus hijos, sin excepción! ¡Qué consuelo ha puesto hasta el fin de los siglos en el corazón de los pobres, de los pequeños, de los despreciados por el mundo! Les mostró desde su nacimiento que ellos son los privilegiados, sus favoritos, primeros llamados. Los llamó siempre al lado suyo y quiso ser uno de ellos, desde la cuna y toda su vida, siempre rodeado por ellos. Dios no asimiló la salvación a la ciencia, la inteligencia, la riqueza, una larga experiencia o dones raros y que no recibieron todos. Él la asimiló a lo que está entre las manos de todos, absolutamente todos, jóvenes y ancianos, hombres de toda edad y clase, de toda inteligencia o fortuna. Asimiló la salvación a algo que todos pueden dar, con un poco de buena voluntad. Para ganar el cielo, Jesús demanda humildad, hacerse pequeño, tomar el último lugar, obedecer. En otras palabras: pobreza de espíritu, pureza de corazón, amor a la justicia, espíritu de paz. Esperemos, ya que por la misericordia de Dios la salvación está junto a nosotros, entre nuestras manos y es suficiente un poco de buena voluntad para obtenerla.
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