Lunes, 22 De Junio : Doroteo de Gaza
79. Hermanos, tratemos de saber por qué ocurre a veces que escuchamos una palabra desagradable y la dejamos pasar sin turbarnos, como si no la hubiéramos oído, y otras veces nos perturbamos inmediatamente. ¿Cuál es la razón de esa diferencia? ¿Una o varias razones? Por mi parte, veo muchas razones, pero una sola engendra, por así decir, todas las otras. (…) 81. la causa de la turbación, si la buscamos cuidadosamente, es siempre el hecho de no acusarnos a nosotros mismos. Por eso nos sentimos agobiados y no encontramos nunca reposo. No nos admiremos que todos los santos digan que no existe otro camino. Vemos bien que nadie ha hallado el reposo siguiendo otra ruta y nosotros pensamos encontrarla y seguir el camino perfectamente recto, ¡sin consentir nunca a acusarnos a nosotros mismos! En verdad, aunque hubiéramos realizado mil buenas obras, si no seguimos ese camino, no cesaremos nunca de hacer sufrir y de sufrir nosotros mismos, perdiendo así toda la difícil labor realizada. (…) 82. Sucede también que un hermano, creyendo estar en paz y tranquilidad, se perturba, tan solo por una palabra molesta que acaba de decir otro hermano. Considera que tiene razón, diciéndose a sí mismo: “Si este hermano no hubiera venido a hablarme y turbarme, yo no hubiera pecado”. Esto es una ilusión, es un falso razonamiento. El que le ha dicho la palabra, ¿puso en él la pasión? Simplemente, le ha revelado la pasión que estaba en él, para que, queriéndolo, se pueda arrepentir.
Lecturas Católicas Romanas – rosary.team













