Miércoles, 4 De Noviembre : Isaac de Stella
Feliz el alma, hermanos muy queridos, que pueda seguir en todo al Señor Jesús … “donde quiera que vaya” (Apo 14,4). En el reposo de la contemplación, el alma sube pasiblemente ocupada en contemplar que “él es Dios” (Sal 45,11). Ella desciende en el ejercicio de la caridad, siguiéndolo hasta llegar al servicio, a amar la pobreza y soportar hambre, sed, fatiga, trabajo, llantos, con la oración y, finalmente, la Pasión. Porque Cristo vino obedeciendo hasta la muerte, para servir y no para ser servido, no para dar oro o plata sino su enseñanza y su ayuda a la multitud, entregando su vida por todos (cf. Mt 10,45) … Que este sea, hermanos, el modelo de sus vidas, tal es la regla de una santa conducta. Con Cristo, por el pensamiento y el deseo, vivir en la patria eterna. Por Cristo, no rechazar ningún servicio de la caridad durante este duro exilio terrestre. Siguiendo a Cristo que sube hacia el Padre, dejarse simplificar, unificar en el reposo de la meditación. Siguiendo a Cristo que baja hacia nuestro hermano, dejarse compartir, dividir “hacerse todo a todo” (cf. 1Cor 9,22). No desdeñar nada de lo que concierne a Cristo, no ocuparse de nada que no sea para Cristo. Tener sed sólo de él, mirar a él sólo donde está Cristo solo. Ponerse con gusto al servicio de todos, dónde su presencia es múltiple (cf. Mt 25,35).
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