Viernes, 12 De Junio : San Claudio de la Colombière
El divino Corazón está siempre ardiente de amor por los hombres, siempre abierto para esparcir sobre ellos todo tipo de gracias y bendiciones. Siempre conmovido por nuestros males, siempre movido por el deseo de compartirnos sus tesoros y darse él mismo a nosotros. Siempre dispuesto a recibirnos y a servirnos de refugio, de morada, de paraíso desde esta vida. A cambio de todo eso, en el corazón de los hombres encuentra dureza, olvido, desprecio, ingratitud. Ama y no es amado, ni siquiera se conoce su amor porque ellos no se saben recibir los dones que él ofrece como testigo de ese amor. Ni saben escuchar las tiernas y secretas declaraciones que él quisiera hacer a nuestro corazón. (…) Sagrado Corazón de Jesús, enséñeme el perfecto olvido de mí mismo, ya que es la única vía por la que puedo entrar en usted. Como todo lo que haré en el avenir será a usted, que yo no realice nada que no sea digno de usted. Enséñeme cómo actuar para llegar a la pureza de su amor, del que me ha inspirado el deseo. Siento en mí una gran voluntad de agradarle y una gran impotencia para llegar al final, sin la gran luz y particular ayuda, que sólo puedo esperar de usted. Haga en mí su voluntad, Señor. Sé bien que yo me opongo, pero quisiera no oponerme. Únicamente usted puede realizar esto, divino Corazón de Jesucristo. Únicamente usted tendrá toda la gloria de mi santificación, si me convierto en santo. Esto me parece más claro que el día, será para usted una gran gloria y es sólo por eso que quiero la perfección. Así sea.
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