Viernes, 23 De Octubre : Juan Pedro de Caussade
¿Por qué siendo continuamente advertidos que lo que ocurre en el mundo es únicamente una sombra, una figura, nos conducimos siempre humanamente y por el sentido natural de las cosas? Caemos siempre en la trampa como insensatos, en vez de levantar los ojos y de remontar al principio, a la fuente, al origen de todo, dónde todo es sobrenatural, divino, santificante, todo es parte de la plenitud de Jesucristo, misterio de la fe. Allí, todo es piedra de la Jerusalén celestial (Apo 21,14 ss.) y entra o hace entrar en ese edificio maravilloso. (…) La fe es la luz del tiempo (…), levanta el velo y descubre la verdad eterna (cf. 2 Cor 3,16). Cuando un alma ha recibido esta inteligencia de la fe, Dios le habla por todas las criaturas, el universo es para ella una Escritura viviente que la mano de Dios pone sin cesar ante sus ojos. La historia que transcurre es una historia santa. Los Libros santos que el Espíritu de Dios ha dictado son para ella el inicio de las divinas instrucciones. Todo lo que llega y no está escrito, es para ella la continuación de la Escritura. Lo que está escrito es el comentario de lo que no está escrito. La fe juzga uno por el otro.
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