Sábado, 11 De Julio : Venerable Pio XII
Así como en los siglos pasados las legiones romanas, que luchaban para sujetar todos los pueblos al imperio de la Ciudad Eterna, avanzaban por las vías consulares, así también las innumerables cohortes de monjes, cuyas armas “no son las de la carne, sino del poder mismo de Dios” (2 Cor 10,4), fueron enviados por el sumo pontífice para que propagasen eficazmente el pacífico Reino de Jesucristo hasta los últimos confines del orbe, no por medio de la espada, ni de la fuerza o de la muerte, sino con la Cruz y el arado, con la verdad y el amor. En donde quiera que estas tropas sin armas, integrados por predicadores de la religión cristiana, por artesanos, agricultores y maestros de las ciencias divinas y humanas, ponían sus pies, allí el arado se abría paso en las tierras incultas y enmarañadas. También surgían centros de ciencias y artes, y los habitantes, saliendo de una vida agreste, (…) eran formados en la vida social y la cultura, teniendo ante ellos la luz del Evangelio y de la virtud. Innumerables apóstoles, inflamados por la caridad celestial, recorrieron todavía desconocidas y agitadas regiones de Europa. Las regaron con su sudor y sangre generosos. Pacificados sus habitantes, les llevaron la luz de la verdad católica y de la santidad. (…) No solamente Inglaterra, la Galia, los Países Bajos, la Frisia, Dinamarca, Alemania y Escandinavia, sino también numerosos pueblos eslavos se glorían de haber sido evangelizados por estos monjes, y los tienen como una gloria, considerándolos fundadores ilustres de su civilización.
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